Conmigo o con nadie, entrevista con su compositora Mailén Ubiedo Myskow

La compositora, docente del Conservatorio Astor Piazzolla, nos habla de su ópera Conmigo o con nadie, una obra que aborda problemáticas vinculadas con la violencia de género y los femicidios. En esta entrevista reflexiona sobre el origen de la obra, su recepción y la persistencia de los temas que plantea. La conversación se realizó en el marco de la propuesta Personas que hacemos el Piazzolla y de las actividades organizadas de cara al 3 de junio.

Estrenada en 2022 por Contemporánea Lírica y la Orquesta Atípica de los Nuevos Aires, Conmigo o con nadie aborda la violencia de género a través de un dispositivo dramático que entrelaza dos historias separadas por más de un siglo. La ópera toma como punto de partida el asesinato de Felicitas Guerrero, ocurrido en 1872, y lo contrapone con la experiencia de María, una joven del presente atravesada por situaciones de acoso y violencia. A partir de ese paralelismo, la obra explora las persistencias de estas problemáticas en la sociedad y cuestiona los modos en que los medios de comunicación construyen sus relatos. En vísperas de una nueva movilización de Ni Una Menos, conversamos con su autora, la compositora Mailen Ubiedo Myskow, sobre el proceso creativo, el impacto de la obra y los cambios que observa en la reflexión pública sobre los femicidios.

— ¿Cuál fue el primer impulso que te llevó a esta ópera —una imagen, una lectura, una conversación?

— Llegué a Felicitas por medio de una publicación. Me apareció su historia como si fuese un dato histórico, una anécdota antigua, en un tono relacionado con esa idea de «crimen pasional». Enseguida me generó una conexión con el aquí y ahora; me puse a pensar en que las diferencias de época, de dinero y de estatus no cambian en absolutamente nada cuando se trata de la misma violencia.Se me ocurrió la idea de narrar la historia de Felicitas en el pasado y armar un paralelismo con el presente, con una chica cualquiera que esté en las antípodas de sus capacidades económicas, digamos, pero que esté viviendo exactamente la misma situación de violencia.

Me resultó interesante desdoblar la escena para que la narración tenga la fuerza de algo que no quedó en el pasado, sino que se repite hoy todo el tiempo.

— En los ensayos y las funciones, ¿hubo alguna reacción del elenco o del público que te haya sorprendido o que te haya dicho algo sobre cómo la obra estaba siendo recibida?

— La obra tiene algunos audios que son de casos reales, hoy tristemente recordados por alguna situación que llamó la atención y que la prensa amplificó. Hice una especie de patch, mientras de fondo sonaba un coro de réquiem masculino retratando el entierro de Felicitas. El caso paralelo de la otra chica, María es el nombre del personaje, estaba desaparecida.

Mientras se escuchan estos audios de casos reales y el coro masculino canta un réquiem, el elenco femenino sale a buscar a María en una especie de marcha, pidiendo por su aparición y repartiendo folletos de mujeres desaparecidas.Ese es el momento más fuerte de toda la obra. La primera vez que lo ensayamos con audios fue casi al final de los ensayos, porque yo no quería hacerlo antes: los audios eran muy fuertes. Aquella primera vez impactó muchísimo en todo el elenco. Hicimos más de 20 funciones a lo largo de los años, en Valladolid también. Cada vez que termina esa parte todas terminan abrazándose atrás del telón. De hecho, muchas tratan de no conectar tanto para que no les genere demasiada angustia, porque al final queda un coro femenino que pide justicia y es muy difícil cantar. Pero la emoción es muy grande y todos terminamos afectados.

En cuanto al público, ese momento siempre lo marcan como el más fuerte de toda la obra. Muchas personas también quedaron impactadas por las estadísticas, porque publicamos estadísticas sobre todo en relación con los vínculos de pareja o con personas del entorno cercano y familiar. Y los números dan altísimos: la mayoría de los femicidios ocurren en las casas de las mujeres, en manos de las parejas, de las exparejas o de algún familiar.

Creo que después de estas estadísticas, de escuchar estos audios y de haber visto toda la obra, la gente se va reflexionando un poco sobre ese punto que era el que queríamos tocar: que la persona que se supone que te ama y que te tiene que cuidar es la primera que va a decidir sobre tu vida y que te va a matar. Hubo algunos hombres que salieron a decirme: «Bueno, pero no todos somos así». Esa fue la reacción de los que más se resistieron. Nadie cuestionó que esto ocurre, obviamente, pero sí aparecieron ese tipo de reacciones.

— ¿Qué te dejó esta obra —como compositora, como mujer, como docente?

— Es una obra que a mí me gusta mucho, de la que me siento muy orgullosa. Me parece importante para el género lírico. Siento que muchas veces no habla de ciertas cosas, y que la ópera puede terminar siendo un divague artístico-estético que se queda solo en eso. Siento que esta obra tiene más sustancia, pero es el arte que a mí me gusta hacer; si no, para mí no tiene sentido.

Hablar de lo que es importante, para mí como artista, es poner las cosas en agenda y en debate. Tal vez la gente que vino a verla se fue pensando. Alguien que quizá no pensaba de determinada manera, de golpe, en la cena después de haber visto la obra, se sienta a hablar y dice: «Mirá, esto no lo pensaba tan así». Y tal vez cambie de parecer, o no.

— Han pasado tres años desde el estreno, de frente al 3J de 2026. ¿Sentís que algo cambió?

— Sí, totalmente.

El discurso cambió, hay un retroceso. Se está cuestionando otra vez, en el caso de ahora de Agostina, si la chica tenía perfiles en redes sociales, que es un poco lo que antes era cómo iba vestida, si iba a bailar a un boliche o no iba. Cosas que ya sabemos que no importan y que muestran que el foco se sigue poniendo en la víctima o en personas cercanas a la víctima, cuando el problema es el femicida y punto.

Algo que hablaban hoy, o que estuve escuchando estos días, era que tratemos de cambiar el foco, porque siempre la prensa y muchos divulgadores vuelven a lo mismo: la culpa es de la nena. Una nena de 14 años, ¿qué culpa va a tener? El foco tiene que estar puesto en ellos. Entonces, en vez de decir «cada tantas horas una mujer es asesinada», decir «cada tantas horas un hombre se convierte en femicida». El problema es el hombre femicida y no ella.

Se demonizó mucho la idea del Ministerio de la Mujer, de las líneas de ayuda, del 144, que se desfinanció. Y ahora se dice muy orgullosamente que hay menos denuncias. Y en realidad no es que haya menos femicidios; : hay menos denuncias por el contexto, porque la crisis económica también colabora a que la gente continúe sometida porque no tiene capacidad económica para salir adelante e irse de la casa del femicida. Y así un montón de situaciones más.

Creo que la falta de empatía, la desinformación y el avance de los discursos de odio hacen que estemos unos pasos atrás otra vez. Por eso es importante, y creo que gracias a las redes y a muchísima gente que difunde y que milita, ahora el 3J se va a hacer la marcha y se va a pedir por las cosas importantes.

Es fundamental y necesario que haya cambios urgentes en las políticas públicas para poder contener y también para poder educar, para que estas cosas no pasen. Educar a los varones para que estas cosas no pasen.

Entrevista realizada por Virginia Chacon Dorr